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En estos últimos tiempos se ha escrito mucho sobre este tema que parece involucrar, más que nada, a las grandes empresas, aquellas cuyo accionar social, ya sea grande o pequeño, siempre va a estar avalado por la propia marca, debido a una imagen corporativa ya instaurada a nivel social. Pero poco se ha escrito, sin embargo, de esas pequeñas unidades productivas que conforman el gran sector de las pymes o de las empresas familiares. En verdad, aunque el impacto a nivel de la opinión pública no sea ni tan inmediato, ni tan favorable como en el caso de las trasnacionales o mega compañías, en lo que a responsabilidad social respecta, las empresas fumigadoras tienen mucho por hacer.

Sabemos que el trabajo aero-agrícola está siendo cuestionado por algunos factores que precisan una constante aclaración y explicación exacta del modo de trabajar. La aplicación de insecticidas, herbicidas o funguicidas se hace sobre gran variedad de cultivos (soja, maíz, sorgo, trigo, etc.). También conocemos el recelo que existe por la presencia del avión agrícola en las cercanías de las ciudades o pueblos “afectados” por su trabajo.

Tomar conciencia exacta de las consecuencias y el impacto inmediato que nuestra actividad tiene en caso de actuar de manera negligente, significa realizar todos y cada uno de los pasos con absoluta precaución y conocimiento.
Para comprender el alcance de los términos que estamos tratando, lo que las empresas fumigadoras deben hacer es un “uso responsable” de los agroquímicos (productos con los que se previenen y se controlan las malezas y enfermedades de los cultivos), de la maquinaria (avión, equipos de tierra, desechos tóxicos) y de la materia prima con las que se trabaja (la tierra) cuyo significado a nivel social es de gran importancia.

Las instituciones provinciales y municipales vienen reglamentando en la materia en forma creciente; no sólo sobre el manejo de los productos utilizados, sino también sobre la actividad. Sin embargo, hoy en día, cuando vemos cómo se incrementa la superficie de siembra a nivel nacional, es necesario que las empresas aeroaplicadoras actúen consecuentemente y estén siempre alertas ante posibles embates provenientes desde los distintos ámbitos. El trabajo conjunto y responsable será lo que conforme un conglomerado de profesionales responsables, integrados socialmente.

La responsabilidad social empresarial de las aeroaplicadoras debería basarse en los siguientes pilares:


Administrativo

  • Mantener las certificaciones y habilitaciones al día (Trabajo Aéreo, Form. 337, inspección anual del avión).
  • Avión y Pilotos asegurados.
  • Crear y actualizar listas de chequeo adaptadas a la operación de la empresa y normas vigentes

Humano:

  • Capacitación y entrenamiento adecuado y continuo
  • Realizar exámenes médicos de rutina, (psicofísico).
  • Atender probables factores humanos que afecten a la seguridad para evitar posibles incidentes o accidentes.

Estratégico:

  • Procurar una standarización de la actividad a nivel corporativo.
  • Generar polos de discusión y redes de acción conjunta que promocionen y afiancen los beneficios de una buena práctica.

Técnico:

  • Contar con todas las herramientas y equipamientos tecnológicos y de seguridad básicos e imprescindibles para realizar un trabajo de calidad y eficiente en cada una de sus etapas: (equipos de seguridad personal, ajuste y preparación del avión y del equipo de aeroaplicación, mezcla y carga del producto, almacenaje y desecho post-aplicación, medición de condiciones meteorológicas previas a cada aplicación).
  • Realizar tareas de mantenimiento y reparación -diarias y programadas- de todo el equipamiento, en general y de la aeronave, en particular, de acuerdo a la carga horaria y en tiempo con los requerimientos del fabricante.

Mantener un ambiente de trabajo, ya sea propio o ajeno, limpio, aireado y seguro. Libre de cualquier otro agente ajeno a la actividad (comida, bebida, tabaco, etc.)